Esta obra de Ismael Cervantes es un ejemplo de lo interesante de su estilo: una construcción gráfica aparentemente sencilla para plantear una imagen mucho más ambigua situada entre el retrato, la metamorfosis y lo surreal. Un encuentro visual que genera una sugerente tensión dentro de una escena que plantea al espectador temas tan trascendentes como la identidad o la alteridad.