En la obra “El loro pelado”, Ismael Cervantes convierte el encuentro entre un rostro y un animal en un territorio de extrañamiento. Entre la mirada humana y el ojo incandescente del loro se abre un espacio donde la identidad comienza a desdibujarse, la repetición se transforma en lenguaje y lo otro adquiere la inquietante capacidad de devolvernos nuestra propia imagen.